Por J. Alejandro Gamboa
Cuando escuché por primera vez que los jueces en México serían electos por voto popular, confieso que me pareció bien. Pero da vértigo abrirle la puerta de la justicia a una ciudadanía que, en muchos casos, ni siquiera sabe cómo opera el Poder Judicial.
La elección del 1 de junio de 2025 marcará un antes y un después. Por primera vez, más de 800 cargos judiciales, incluyendo a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, estarán sujetos al voto ciudadano. Es un paso histórico, inédito, y polémico. Pero como todo cambio, este también es una oportunidad.
Creo que democratizar el acceso al poder judicial es, en principio, una gran idea. Durante décadas, los jueces han sido nombrados por acuerdos en las cúpulas políticas, por cuotas partidistas y favores entre élites. El resultado ha sido una justicia muchas veces ciega, sí, pero no a la imparcialidad, sino a la dignidad de los ciudadanos.
Por eso, abrir el proceso al escrutinio público puede dar un giro importante: que los jueces respondan, no a sus padrinos políticos, sino a las exigencias éticas y sociales de su comunidad.
El Instituto Nacional Electoral habilitó un micrositio llamado “Conóceles, Practica y Ubica”, donde se puede consultar la información de los candidatos. Pero seamos realistas: la mayoría de las personas no entrará ahí. No por pereza, sino porque no hemos desarrollado una cultura cívica de participación consciente. En este país nos enseñaron a votar como se va a misa: por fe, no por reflexión.
Pero esto no es culpa solo del sistema. Es también nuestra. No podemos seguir exigiendo justicia desde la ignorancia. No podemos quejarnos de la impunidad si cuando nos dan la oportunidad de decidir quién impartirá justicia, lo hacemos a ciegas.
Basado en diversas notas de medios de comunicación hasta cierto punto sensatas o de sentido común, enlisto algunas candidaturas señaladas por antecedentes penales o controversias éticas, para que lo pienses a la hora de ejercer tu voto:
Silvia Delgado, aspira a Jueza penal en Chihuahua. Exabogada de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Su postulación ha generado inquietud por sus vínculos previos con el narcotráfico.
Francisco Herrera Franco ("El fiscal del terror"). Exfiscal acusado de colaborar con el crimen organizado, violaciones a derechos humanos y presunta implicación en asesinatos de periodistas.
Francisco Martín Hernández Zaragoza. Destituido previamente por acusaciones de abuso sexual.
Edgar Rodríguez Beiza. Acusado de abuso sexual y cuestionado por su actuación como juez en un caso de violación.
Fernando Escamilla Villarreal. Abogado defensor de Miguel Ángel Treviño Morales, alias "Z40", líder del cártel de Los Zetas.
Ahora, algunas candidaturas con vínculos a organizaciones religiosas controvertidas como la iglesia evangélica La Luz del Mundo, cuyo líder Naasón Joaquín García fue condenado por abuso sexual infantil en EUA. Ésta ha sido vinculada a varias candidaturas:Job Daniel Wong. Exministro religioso de La Luz del Mundo; Madián Sinaí Menchaca, hija del actual obispo de la iglesia y con antecedentes penales; Cinthia Teniente Mendoza, esposa de un senador cercano a La Luz del Mundo, y Betzabeth Almazán Morales, quien defendió públicamente a Naasón Joaquín García.
Otras candidatura cuestionada y muy sonada: Yasmín Esquivel, quien aspira a la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que fue acusada de plagiar su tesis de licenciatura y de manipular procesos judiciales para evitar consecuencias.
Por. J Alejandro Gamboa. A partir de un conflicto vecinal aparentemente menor —el volumen de una bocina que inunda la calle—, este artículo reflexiona sobre una tensión cada vez más visible en nuestra vida cotidiana: la dificultad de conciliar los gustos personales con el respeto al entorno compartido. Desde lo legal hasta lo filosófico, pasando por lo sociológico y lo emocional, esta lectura explora cómo el bienestar común se ve comprometido cuando la libertad se confunde con egoísmo, y cómo el concepto de ciudadanía se diluye ante la defensa radical del “yo hago lo que quiero”. Hace unos días, viví en carne propia un micro conflicto tan cotidiano como revelador, que me sirve de pretexto para hablar de los derechos, la ciudadanía y el bien común. Hace algunas semanas, pedí en el grupo de WhatsApp de mi calle que un vecino bajara el volumen de su bocina, que a todo volumen resonaba por la cuadra. No había agresión en mi mensaje, sólo una solicitud razonada: si la música sólo es de...
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