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Cuatro actores y la Teoría del Abismo, un ejercicio de prospectiva geoestratégica

Por. J. Alejandro Gamboa 1. EUA, China, Rusia y México juegan al borde del abismo ¿Quién cederá primero? 2. Las potencias miden fuerzas ¿Estamos al filo de un nuevo equilibrio o de una crisis? Sin ser especialista en temas geopolíticos, puedo tratar de aplicar un poco de lo aprendido en mis clases de la UNAM y en un curso de prospectiva que tomé hace tiempo. Soy un principiante en la creación de escenarios, pero me interesa estar al tanto de la política global, siempre enlazada con el movimiento de los intereses económicos, así como las decisiones de cada región o país, para lograr objetivos determinados. Hoy somos testigos de una encrucijada geopolítica que se asemeja a una partida de ajedrez en la que cada movimiento puede desencadenar una crisis o consolidar una ventaja. Apliquemos una teoría de juegos. Consideremos cuatro actores racionales que toman acciones a partir de decisiones estratégicas con las cuales pueden obtener ventajas o perder logros, acorde a diversos factores, a veces complejos, dignos de estudiarse por los especialistas. Me apoyaré entonces en la llamada Teoría del borde del abismo, aquella estrategia de llevar al adversario al límite sin cruzar la línea del conflicto abierto; esto me sirve como marco perfecto para analizar las dinámicas entre cuatro actores o jugadores “racionales”: Estados Unidos, México, China y Rusia. Comencemos pues. Cada actor juega su partida con tácticas que buscan maximizar sus beneficios mientras minimizan los riesgos. La pregunta es ¿hasta dónde pueden empujar sin caer al vacío? Estados Unidos presionando a sus aliados y calculando sus amenazas, administrando su violencia. Desde Washington, la estrategia como lo fue en los momentos más duros, es reforzar su dominio económico y militar a costa de cualquier otro jugador. La imposición de aranceles a productos mexicanos, canadienses y chinos muestra su determinación de reducir el déficit comercial, pero también el riesgo de una escalada en la guerra comercial. Mientras tanto, la administración de Trump modula su postura militar, suspendiendo operaciones cibernéticas ofensivas contra Rusia, lo que podría interpretarse como un intento de distensión. Sin embargo, su relación con Ucrania sigue siendo tensa, con críticas constantes y hasta agresivas a Zelenski, con un deseo muy estimable de “ganarse” los recursos de aquel país la mala. A corto plazo, EUA seguirá presionando a sus aliados y desafiando a sus rivales. A mediano plazo, la pregunta será si su estrategia de confrontación comercial y militar es sostenible. A largo plazo, podría enfrentarse a una redefinición de su liderazgo global en un mundo multipolar. ¿Qué pasa con nuestro México? Nuestro país sigue atrapado entre la dependencia económica con el vecino país y la necesidad de diversificar sus relaciones comerciales. La respuesta de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido diseñar un “plan B” para mitigar el impacto de los aranceles y fortalecer el mercado interno. A su vez, la cooperación con Washington en materia de seguridad ha sido reforzada, especialmente en el combate al tráfico de armas y fentanilo. A corto plazo, este jugador (México) tendrá que maniobrar con cautela entre su principal socio comercial y su interés por fortalecer la autonomía económica. A mediano plazo, el éxito de su estrategia dependerá de su capacidad para abrir nuevos mercados. A largo plazo, podría apuntar a ser un actor con un mayor peso en el tablero geopolítico. ¿Y los chinos? Este jugador avanza a grandes pasos en el desarrollo de su propia estrategia supremacista. Las noticias señalan el descubrimiento de vastas reservas de torio en Batan Obo, ubicado en el oeste de Mongolia Interior con suficientes cantidades del metal radiactivo como para abastecer a toda China durante unos 60 mil años. Esto podría ser el golpe para reducir su dependencia de combustibles fósiles y asegurar su dominio energético durante miles de años. En el ámbito diplomático, Pekín mantiene su respaldo a Rusia en la negociación con el país vecino sobre el conflicto en Ucrania. A corto plazo, China consolidará su liderazgo en energías alternativas y tecnología. A mediano plazo, seguirá expandiendo su influencia en regiones estratégicas y fortaleciendo sus alianzas. A largo plazo, se vislumbra como una superpotencia consolidada en un nuevo orden mundial multipolar. Nuestro jugador, Rusia, permanece firme en Ucrania, pero desde Moscú el mensaje es claro: no devolverá los territorios ocupados, pues los considera parte de su territorio. Sin embargo, a pesar de su postura inflexible en ese frente, ha mostrado disposición para negociar con los gringos la explotación de recursos en el Ártico, una región de creciente interés estratégico. En el corto plazo, parece que nuestro jugador mantendrá, como decía, su posición firme en el conflicto ucraniano. A mediano plazo, seguro reforzará sus alianzas con China y otros países para contrarrestar el aislamiento occidental. A largo plazo, su capacidad resiliente determinará si sigue siendo una potencia influyente o si se ve relegada a un papel secundario en la escena global. Finalmente, la interacción entre estos cuatro actores o jugadores dibuja un escenario de incertidumbre, donde cada movimiento es un cálculo estratégico basado en la amenaza, la presión y la disuasión, pensando en jugadores racionales (desligados de otros aspectos no racionales, al menos en esta teoría prospectiva). Y, aunque las Ciencias Sociales no son exactas por tratar con una materia volátil o imprevisible como lo es el ser humano, nuestro juego del borde del abismo continúa, y seguirá arrojando datos y valores que nos pueden ayudar con el apoyo de matrices matemáticas traducidas en aspectos cualitativos, y vislumbrar quién se atreve a dar el paso final o quién retrocede antes de caer al vacío.

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